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La fascinante historia de 'Shi' que comía leones

Foto del escritor: luismiguelminarro
luismiguelminarro
15 jun
3 min de lectura

Actualizado: 17 jun


Hay textos que son singulares por la manera en la que están construidos y de eso saben mucho los poetas que duermen en los laboratorios secretos del lenguaje. A esta categoría pertenece el relato atribuido a Rubén Darío, el poeta nicaragüense padre del Modernismo literario hispanoamericano. Amar hasta fracasar es una de esas rarezas literarias que sorprende en un juego extraordinario en el que desaparecen todas las vocales, excepto la a; una curiosidad lingüística que fascina por la destreza necesaria para mantener un relato completo sujeto a esa restricción tan extrema.

Imaginemos por un momento que se trata de un hecho único y prodigioso, solo posible en una lengua tan flexible y rica como el español. La tarea parecería imposible en cualquier otra lengua si no fuera porque algo muy parecido ocurre en uno de los textos más curiosos de la tradición lingüística china: Shī Shì shí shī shǐ (施氏食狮史), conocido en español como La historia de Shi que comía leones.

A primera vista, el título ya resulta interesante. Más sorprendente aún es descubrir que, leído en mandarín moderno, prácticamente todas las sílabas del texto se pronuncian «shi», aunque con distintos tonos. Se trata de uno de los ejemplos más célebres de homofonía extrema y, al mismo tiempo, una ventana fascinante para comprender cómo funcionan las lenguas del mundo.

La historia fue escrita por el lingüista chino Zhao Yuanren  en 1930 con solo 92 caracteres. El relato cuenta las peripecias de un poeta llamado 'Shi' que vivía en una cueva y un día había decidido comerse diez leones. Leones que encontró y mató con sus flechas, pero que no pudo comer porque  comprobó que eran de piedra. La trama, en realidad, es lo menos importante; lo extraordinario es que la obra fue concebida como una demostración lingüística. El autor quería mostrar las limitaciones de los sistemas de romanización que intentaban representar el chino únicamente mediante letras del alfabeto latino; ya que cuando se transcribía se convertía en un texto imposible y aparentemente absurdo: «shi, shi, shi, shi...».

Para quienes aprendimos a leer y escribir utilizando alfabetos, como el que usamos en español, resulta natural pensar que la escritura es simplemente una representación de los sonidos. Sin embargo, el sistema chino nos recuerda que la relación entre escritura y pronunciación puede ser mucho más compleja, ya que los caracteres chinos representan principalmente unidades de significado y no solo sonidos. Dos palabras pueden pronunciarse exactamente igual y, aun así, escribirse con caracteres diferentes que permiten distinguirlas visualmente.

Este fenómeno no es exclusivo del chino. En español también encontramos homófonos como «vaca» y «baca», «hola» y «ola», «haya, halla, aya» La diferencia es que en chino el número de sílabas posibles es relativamente reducido, por lo que la homofonía es mucho más frecuente.

Pero más allá de la curiosidad lingüística, La historia de Shi que comía leones invita a darle una vuelta a la idea que se tiene de que nuestro sistema de escritura es el modelo «normal» y que las demás lenguas son variaciones de ese esquema. Sin embargo, la diversidad lingüística del mundo demuestra que existen muchas formas de relacionar sonido, significado, escritura y cultura; de organizar la experiencia humana mediante el lenguaje. En este sentido, la historia de Shi, es más que un juego verbal que nos reclama para apreciar la extraordinaria creatividad con la que las sociedades humanas han desarrollado los distintos sistemas de comunicación; una poderosa lección sobre la naturaleza del lenguaje en la que las palabras nunca viajan solas.

 
 
 

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