top of page
Buscar

"Apología de las mujeres", y de la literatura

Foto del escritor: luismiguelminarro
luismiguelminarro
5 mar
3 min de lectura

En apariencia, se trataba de un trabajo de mediación cultural, una de las muchas traducciones ilustradas  que buscaban acercar al lector español algunos ejemplos de la literatura europea. Este era el caso de la novela El príncipe de Abisinia, del escritor Samuel Johnson, que fue traducida al castellano, en 1798, por Inés Joyes y Blake. Pero al final del libro aguardaba una sorpresa. La traductora se liberó del corsé impuesto por el texto original y se atrevió a incluir un texto propio supuestamente dedicado a sus hijos. Una pieza añadida con naturalidad, hasta con cierta candidez (visto desde la perspectiva actual); pero lo que parecía un apéndice menor era, en realidad, una apuesta intelectual de primer orden. Un artefacto destinado a explosionar, a derribar clichés, colocado con elegancia en el interior de un libro aparentemente inocente.

En la España de finales del siglo XVIII, una mujer que opinaba públicamente sobre la educación, la libertad y la inteligencia femenina estaba entrando en terreno resbaladizo (casi como ahora). Joyes lo sabía. Por eso su texto adopta un tono razonado, casi sereno, que avanza con la lógica de quien sabe que la fuerza de los argumentos terminará por imponerse. La autora defiende que las mujeres no son inferiores por naturaleza, sino por falta de oportunidades. Si se les negara a los hombres la educación, su situación sería semejante. La afirmación, que hoy puede parecer evidente, tenía entonces una carga subversiva, porque Joyes estaba señalando algo esencial, que la desigualdad no nace de la biología, sino de las posibilidades de acceso a la educación, a la lectura seleccionada libremente, sin sesgos, al conocimiento.

Dos siglos después, esa idea todavía resuena. No porque las circunstancias sean idénticas, sino porque el debate sobre la igualdad continúa desplegándose en nuevas formas. En ese sentido, la Apología de las mujeres dialoga de manera natural con otro texto fundamental del pensamiento español del siglo XX: La mujer moderna y sus derechos, publicado por Carmen de Burgos, en 1927.

Entre ambos escritos hay casi ciento treinta años de distancia. Sin embargo, la línea que los une es clara. Joyes habla desde el horizonte ilustrado de la educación y la razón. Burgos escribe desde el impulso reformista del siglo XX, cuando las mujeres empiezan a reclamar derechos civiles y políticos concretos. Una abre la puerta del argumento intelectual, la otra empuja esa puerta para convertirla en acción social.

Leídos juntos, los dos textos revelan algo importante para nuestro tiempo. Las conquistas que hoy parecen naturales nacieron de voces que se atrevieron a pensar en voz alta cuando hacerlo no era cómodo o casi imposible. La historia de la igualdad no es una línea recta, sino una conversación prolongada entre generaciones; y que tal y como asistimos hoy en día, esa línea se puede quebrar ya que algunos siguen empeñados en hacerla pedazos, en hacerla desaparecer, en hacernos retroceder. Y no olvidemos que cuando retroceden los derechos de las mujeres, retrocedemos todos.

En una época como la nuestra, saturada de opiniones rápidas y debates fugaces, la literatura ofrece otro ritmo; los libros permiten detenerse, escuchar voces del pasado y descubrir que muchas de nuestras preguntas ya fueron formuladas antes. Cuando un lector joven se encuentre con Joyes o con Carmen de Burgos, descubrirá que son algo más que páginas de historia literaria; también una forma de mirar el mundo con atención y con conciencia, mientras todo alrededor parece moverse con el vértigo que produce sentir el riesgo de que se desmorone lo que hasta aquí habíamos conquistado. Es  por eso que tenemos la obligación moral de seguir reivindicando la igualdad, los derechos de las mujeres trabajadoras, de las artistas, de las científicas, de las comunicadoras y, en este 8 de marzo, seguir diciendo como Joyes[1]:


Yo quisiera desde lo alto de algún monte, donde fuera posible que me oyesen todas, darles un consejo. Oíd mujeres, les diría, no os apoquéis: vuestras almas son iguales a las del sexo que os quiere tiranizar.

 


[1] Texto completo del apéndice Apología de las mujeres: Apologia_rev_PEND.pdf


 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page